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Una fiesta de principio a fin

 
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Una fiesta de principio a fin

La jornada final del festival consagró a Franco Luciani, Guitarreros y Canto 4. Los destacados de la noche fueron Abel Pintos y Los cuatro de Córdoba y Chévere. La noche cerró con Soledad, Los Nocheros y el Chaqueño Palavecino con “La fiesta del folklore”

La lluvia insistía en mojar el suelo coscoíno y la “Misa Criolla” que prometía una Plaza repleta de fieles tuvo que trasladarse finalmente a la Parroquia del Rosario. Luego, el clima se fue calmando y los transeúntes transitaban nuevamente las peatonales repletas de artistas callejeros.

Un niño de unos tres años, con ropita gaucha de pies a cabeza, tocaba un bombo legüero de su tamaño ante la multitud sonriente de quienes rondaban la Plaza del Folklore. Sobre la Plaza San Martín, en la réplica del primer escenario del festival, un biscochuelo gigante coronaba las cincuenta ediciones del Festival Mayor.

Mientras, en la vereda de “La europea”, una mítica confitería  coscoína, los salteños de Canto 4 ofrecían un recital gratuito para cientos de fanáticos que no dudaron en pedirles autógrafos y fotos cuando terminó el show.

La última de las doce lunas comenzó una hora antes de lo habitual, a las nueve de la noche, con el característico estrépito de los fuegos artificiales y un predio con “localidades agotadas”. No sólo no había un asiento disponible, sino que además muchos improvisaron butacas con sillas de camping, parados sobre las bayas, sentados sobre escaleras o en el piso. No importaba el frío del piso de cemento, era la última luna y nadie quería perdérsela.

La noche se embelleció con novedosas propuestas, pero, al menos para la mayoría del público, comenzó formalmente con los locales de Chévere y Los cuatro de Córdoba, que se reunieron para llenar la Plaza de folklore y cuarteto, así, arriba y abajo del escenario se bailaba el típico ritmo de la provincia serrana.

Mientras decenas de mariposas nocturnas revoloteaban sobre un inmenso reflector, Bruno Arias y Rubén Patagonia recordaron a los pueblos originarios y dieron paso a la esperada ceremonia de premiación.

Con una consagración compartida entre Guitarreros, Canto 4 y Franco Luciani, la Plaza se emocionó ante el reconocimiento de sus ídolos. También se premió a Los Trovadores, Horacio Guaraní y Marcelo Simón, con el Camín. La revelación fue para la canción inédita “La transerrana” de José Luis Aguirre.

Mientras un grupo de amigos sentados en la platea, improvisaban una cena con pizza y gaseosa en mano, Los Cantores de Quilla Huasi y los Indios Tacunau emocionaban a quienes ya tenían tantas décadas como el festival.

Un peculiar vendedor de cubanitos, con traje a rayas, ostentaba dulce de leche sobre una bandeja cuando Mariana Carrizo teñía de coplas a la “Próspero Molina”.  En seguida, Abel Pintos cosechó gritos y aplausos de sus fanáticas. El joven cantautor, sedujo con su voz y su alegre manera de bailar, que fue imitada desde las primeras filas de la platea hasta las últimas gradas de la tribuna.

La celebración llegaba a su fin con una “tripla” de titanes folklóricos: El Chaqueño Palavecino, Soledad y los Nocheros llevaron “La fiesta del folklore” al escenario “Atahualpa Yupanqui” y tocaron durante más de una hora. En un show que terminó cerca de las seis de la mañana, no faltaron los que bailaron con “A Don Ata” o “El Humahuaqueño” y entre chacareras y carnavalitos, entre lluvias de papel picado y palmas la plaza honro con su alegría a la mejor de nuestra música, a una música nativa que, en el bicentenario de la revolución, festeja también cincuenta años de melodías propias.

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