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La noche de la trova inmensa

 
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La noche de la trova inmensa

En una jornada memorable, Los trovadores fueron ovacionados tras su regreso al escenario mayor. Se destacaron también Jairo, Cecilia Todd y Los olimareños.

El cielo amanecía más nublado que nunca, pero el aire fresco que corría por las calles era, en realidad, un respiro luego de días con una  altísima sensación térmica. Los turistas, como siempre, salieron a recorrer la localidad serrana. La calle San Martín, típica peatonal coscoína, estaba regada de los también típicos artistas callejeros: un payaso captaba la atención de los caminantes con sus monólogos y extraños aparatos fabricados con inodoros. Una cuadra después, una estatua viviente cautivaba a los curiosos y frente a la Escuela Roca, un grupo de músicos se vestían como indios –casi como aquellos de antiguas películas- mientras en otro extremo de la Plaza San Martín, un grupo de jóvenes entonaba el “Mambo de Machaguay” de Los Jaivas.

La luna, escondida entre las nubes, dibujó reflejos en el firmamento cordobés y la onceaba jornada comenzó también con dos cordobeses: Jairo y Daniel Salzano, uno músico, el otro poeta. El silencio atento pobló la Plaza ante la propuesta en la que el literato explica el por qué de las letras cantadas por Jairo.

Canto 4 hizo vibrar a sus fans con “Piedra y Camino” o “La pura verdad”. Un grupo de cinco admiradoras sostenían cada una, una de las letras que conformaban la palabra “Salta” y con ingenio atraían la atención de los nacidos en tierra de Güemes.
El trío Vitale-Baraj-González fusionó zambas y tangos con aires de jazz y música contemporánea. Una hilera de globos se veía entre la platea, cuando Vitale invitó al escenario a “El Negro” Ferreyra, ganador de Talento Argentino 2009. El virtuoso guitarrista puso de pie a la plaza con los acordes de “Kilómetro 11” que se mezclaron con un multitudinario sapucay.

En séguida se vivió uno de los momentos más relevantes de la noche y probalemente también de festival: luego de 30 años de ausencia, Los trovadores pisaban el “Atahualpa Yupanqui”. Cuatro hombres y una guitarra bastaron para conmocionar a todas las almas presentes. Un hombre de unos sesenta años, no puede detener un llanto emotivo y profundo y se limpia las lágrimas quitándose los anteojos. Una cordobesa asegura: “es maravilloso que toquen después de tanto, es una emoción muy grande”.

Entre recuerdos compartidos y honda música se escucha el grito: “Vamos Trova”. Los aplausos son literalmente incesantes y el final de cada canción es una ovación de una plaza colmada y de pie. “Puente Pexoa” fue coreada por un público emocionado y fiel, ante el regreso de sus ídolos que antes eran “adolescentes y ahora son abuelos”, según se dijo sobre el escanario.

Cecilia Todd trazaba infinitas melodías provenientes de la hermana república de Venezuela cuando una lluvia torrencial invadió toda la Plaza. Entre las plateas comenzaron a verse los paraguas de los más precavidos, otros intentaron protegerse del agua valiéndose de diarios o pañuelos. Pasaron los músicos y menguó también la lluvia para abrirle paso a Los Olimareños. El grupo que, en otras épocas, llenara el Estadio Centenario de Uruguay, enamoró a Cosquín con un repertorio que incluyó canciones como “Vivían” y “Rumbo” una bandera de la hermana República Oriental se divisaba entre las filas de la platea. La música siguió su curso de música y los uruguayos sellaron un pacto de arte sobre el escenario. Cosquín fue nuevamente latinoamericano y a pesar de las intensas lluvias llenó de música el escenario del Festival mayor que amplía sus fronteras cada vez y con lo mejor de las numerosas y ricas tradiciones latinas.
 

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Hay 1 comentarios
Noelia dijo::
15/02 13:05

Hola me gustaria saber si tienen imagenes de Miguel Duré que participo del festival de Cosquin y al cortar la trasmisión no pudimos verlo desde aqui desde Fray Bentos.Si tuvieran algunas me las podrian mandar desde aqui muchas gracias
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