
Luciano Pereyra y Los Carabajales fueron los destacados de una jornada que le dio lugar a propuestas innovadoras. Además, la Chacarpaya del cincuentenario tuvo como protagonistas, entre otros, a los salteños de Canto 4.
Una mujer canta “La oma” a viva voz en el local de la provincia de Santa Fe, mientras una promotora emocionada libera un sentido sapucay. La tarde está nublada y calurosa, pero a pesar del clima, la gente recorre las inmediaciones de la Plaza y algunos hasta se deleitan tomando un helado artesanal.
La octava luna coscoína se inició con la polifonía de Opus 4 que enamoró al público con sus atractivas melodías. También por sus armonías y su innovación Luna Monti y Juan Quintero se ganaron el silencio atento de la “Próspero Molina”. Mientras el dúo ofrecía su peculiar versión de “Cosechero”, una niña de la tribuna se entretenía comiendo un copo de nieve y la canción hablaba de los copos de algodón.
La música invadía la noche y pasaba de la tradición a la renovación. Raúl Barboza abría paso con su “Cadencia” a lo paisajes sonoros que dibuja Proyecto Sanluca. Hasta entonces, Cosquín abrazaba nuevas ideas folklóricas con agrado y esperaba la fusión de estilos que llegó con las salteñas de Las cinco voces.
Un antes y un después se trazó en la octava noche con la aparición de Luciano Pereyra sobre el escenario. El oriundo de Luján, tal vez el Luis Miguel folklore hizo delirar a sus fans, que entre carteles, gritos y aplausos no dejaban de corear sus canciones. Más de una se emocionó y entonó de principio a fin los ya clásicos “Cómo puedes vivir sin mí” o “Porque aún te amo”. Con un show de casi una hora, Pereyra brindó su conocida versión de “Sólo le pido a Dios” y dejó felices a centenares de admiradoras.
Pasadas las tres de la mañana, el cancionero pampeano revivió en la cálida voz de Edith Rossetti, antes el ballet Brandsen deslumbró con una serie de coreografías inspiradas en el Fausto Criollo.
Un grupo de mujeres de unos cincuenta años cambiaban cuidadosamente la yerba del mate y lo cebaban nuevamente a la espera de Los Carabajales. Con sus aires santiagueños, la Plaza entera se vistió de chacarera: decenas de parejas, profesionales y amateur bailaban al ritmo de “Cielo o infierno” o “Cuando me abandone el alma”. Eran más de las cinco y todos aplaudían y dibujaban figuras de chacarera. Algunos arriesgados pretendían continuar despiertos para la Chacarpaya y para eso respondían pregón de “Café, café, calentito el café”. Es que valía la pena amanecer en la Plaza: la grilla de artistas prometía a Canto 4, Los Nocheros y Los Tekis entre otros. Así, Cosquín tuvo un anochecer y una alborada llena de música, de música tradicional y novedosa, iluminada con reflejos de luna y también con destellos de sol.