
Horacio Guarany enamoró a la Plaza y cedió paso a la peruana Eva Ayllón que hechizó con sus boleros y ritmos nativos. El Chango Spasiuk y La Juntada dejaron una huella imborrable en el cielo coscoíno.
Las primeras horas de la tarde llegaron mojadas, finalmente llovió sobre Cosquín y muchos temían que se empañara una jornada que prometía mucha música.
Tanto se anheló que saliera el sol que así sucedió y luego el sol se hizo luna y se inició una de las noches más memorables de este cincuentenario.
Unas horas antes de las diez, caminar por la calle San Martín era una verdadera hazaña. El clima mejoró y todos los turistas salieron a caminar. Algunos pasaban por la feria de artesanos, otros recorrían los stand de la feria de Caritas en la Parroquia del Rosario, frente a la Plaza.
En todas las equinas había puestos donde se preparaba pochoclo y manzanas acarameladas. Aunque eran varios se formaban colas y en las esperas algún chico tironeaba la ropa de su papá pidiéndole algún globo de muchos colores.
Al fin, los fuegos de artificio, el pregón característico y la música que se mudó, por un rato, desde Cosquín hasta Santiago del Estero. Es que Peteco Carabajal, uno de los más ovacionados de la jornada, recorrió gran parte de su CD “Aldeas”, el público festejó de pie su versión de “Mediterráneo”, de Joan Manuel Serrat y cantó de principio a fin las estrofas de “La estrella azul”.
Luego, un emblema del folklore pisó el escenario: Horacio Guarany. En verdad, el cantor no necesitaba cantar: el público cantaba todos sus éxitos y festejaba cada uno de sus chistes “Yo no canto más, no lo necesito, si hace ya tanto que me aplaude, porque yo tengo 60 años… de cantor” decía y la risa de los presentes poblaba todo el predio.
Otra vez Cosquín traspasó las fronteras del país y mostró su impronta latinoamericana: la peruana Eva Ayllón cautivó a los presentes con clásicos como “Alfonsina y el mar” o “La flor de la canela”. Entre la platea se divisaban carteles que aclamaban “Perú presente”, mientras en el cielo cordobés se agitaban banderas argentinas, mexicanas y de los pueblos originarios.
La Plaza se hizo fervor cuando la delegación de Salta propuso un popurrí de zambas que fueron entonadas por todos entre banderas carmín. Pegado al escenario, un hombre vestido con atuendo gaucho filmaba con una pequeña cámara de fotos y declamaba “Viva Güemes”.
También ovacionado, el “Chango” Spasiuk ofreció un repertorio que fusiona polka, chamamé y ritmos del litoral. Mientras algunos de los presentes simplemente observaban, como queriendo descubrir algo dentro del acordeón, otros se animaban a bailar chamamé con sus inconfundibles alpargatas de yute.
El dúo Tonolec, que fusiona electrónica con música toba dejó su huella, pero la verdadera fiesta de la jornada se vivió con “La juntada”. La agrupación integrada por Raly Barrionuevo, Peteco Carabajal y el dúo Coplanacu, revolucionó a la Prospero Molina con canciones como “Añoranzas” y “Mar de arriba”. Al compás de la chacarera, y con decenas de pañuelos al viento, Cosquín cerró una de sus lunas más memorables.