
El cantautor emblema del chaco salteño arrasó con la tercera noche del festival. Además, actuaron Luis Landrisina y Facundo Toro. Hubo una gran presencia femenina sobre el escenario mayor.
Una nueva jornada amaneció en Cosquín, una indudable jornada de verano, pero los 35 grados que marcaba la sensación térmica no eran un problema. Ríos y balnearios se poblaron de turistas que se instalaron allí desde las primeras horas del día, con las clásicas heladeritas repletas de sándwiches y el termo bajo el brazo, disfrutaron de almuerzos y tal vez meriendas engañando al calor y en muchos casos, entre guitarreadas de improviso.
Cerca de la plaza Próspero Molina y también desde muy temprano, las fanáticas de Jorge Rojas, se agolpaban en las boleterías hasta que alguna leyó el contundente cartel de “entradas agotadas”.
Quienes sí tenían su ticket, colmaron el predio, cerca de las 22. Allí, literalmente, no cabía un alfiler.
Rojas saló al escenario luego de los típicos fuegos artificiales, mientras una multitud de admiradoras aplaudía y gritaba hasta quedarse sin voz. Entonces el Sandro del folklore dijo “es un placer estar aquí con ustedes compartiendo nuestra música”. El “salteño” nacido en el sur del país hechizó a todos los presentes: niños, mujeres y hombres cantaban cada una de sus canciones y más de una dama se animó a aprovechar el silencio entre tema y tema para gritar “Jorge te amo”. El ex nochero no sólo deslumbró con su imponente voz, sino también con sus indudables dotes para el baile: malambo con coreografía, sayas y hasta ritmos caribeños. Cada paso sobre el escenario era imitado abajo casi al pie de la letra.
“Mía” fue una canción que dibujó varias postales en la noche del festival: una madre acunando a su hijo en brazos y cantando, un grupo de cinco enfermeras con sus ambos celestes y sus celulares en mano para filmar al ídolo. Rojas hipnotiza con su música y su puesta en escena, pero además es un hombre solidario: invitó al escenario al jovensísimo Santiago Toledo que deslumbró con la fuerza de su voz. El autor de “Marca borrada” explicó que Toledo vive en una anegada localidad del Chaco salteño, donde desde 2009, se realiza a Fiesta de la Cultura Nativa. Allí, Rojas colabora ad honorem y con su música en defensa de los pueblos originarios.
Luego de un show memorable, Rojas dejó la plaza y aún se distinguían entre la multitud las chicas que llevaban binchas con su nombre.
Persistía la música de raíz sobre el tablado del “Atahualpa Yupanqui” hasta que la risa dijo presente de la mano de Luis Landrisina. El reconocido narrador chaqueño fue ovacionado por toda una plaza de pie que, por supuesto, no dudó en soltar carcajadas ante las numerosas ocurrencias del decidor.
El género femenino fue honrado en las voces de Lucía Ceresani, Roxana Carabajal, Silvia Lallana y Claudia Pirán que homenajeó a María Elena Walsh con un popurrí infantil y trasladó a su público a los tiempos de la niñez.
Facundo Toro, también sembró racimos de fanáticas que agitaban sus brazos de un lado a otro. En una noche de muchos artitas, se destacó el espectáculo “El alma de Salta”, donde, entre otros, participó Melania Pérez. Eran entonces más de las cinco de la mañana y mientras la cantora entonaba una copla, dos señoras mayores dejaban la plaza, caminando, casualmente o no, al unísono: cada golpe sobre la caja era un paso y también una sonrisa.
Vendedores de café, con llamativas remeras fosforescentes, proclamaban su clásico pregón, porque ya comenzaba a hacer frío en Cosquín, aunque la música –claro- seguía otorgando algo de tibieza a una tercera luna que, poco a poco se apagaba.