
Víctor Heredia conmovió con sus canciones en una noche americana. Se destacaron los chilenos de Intillimani, Jorge Fandermole y arbolito. El cubano Pablo Milanés dio un show breve por cuestiones de salud.
La segunda jornada coscoína despuntaba analítica. Tal vez como “La filosófica” de Elpidio Herrera, tal vez simplemente reflexionando. Es que Cosquín no es sólo música: es libros, tradición y hasta filosofía. Allí, a pocas cuadras de la Próspero Molina y en el Congreso de Hombre Argentino, un debate sobre el pensamiento colmaba con decenas de personas el patio de la Escuela Julio. A Roca ¿El motivo? La presencia de José Pablo Feinmann, Miguel Ángel Estrella, Miguel Rep y autoridades del canal Encuentro, entre otros. El pianista fue reconocido con una distinción y compartió su música, pero sin dudas la estrella de la jornada fue el filósofo que cosechó gran cantidad de aplausos al destacar que estaba en el aire explicando filosofía “por el gesto político de un gobierno que lo permite”, también aseguró que “los grupos de multimedios sujetan al sujeto para que no piense por sí mismo” e invitó a los presentes tener valores e ideas subjetivas y no impuestas por enormes empresas de comunicación.
El debate concluyó y la noche se pobló de una luna que prometía canto. El segundo encuentro estuvo marcado por juglares: Víctor Heredia entonaba “El viejo Matías” mientras una mujer de las primeras filas decía “qué hermoso Víctor, que hermoso” la poesía se mezclaba con lo típico y lo típico resultaba irónico: una mujer se acomodaba en su asiento y comía un choripán, Heredia cantaba sobre un desposeído. Luego en “Sobreviviendo” un pañuelo blanco, pequeño, pero enorme entre la multitud, se veía como una ofrenda de paz justo en el momento en que el nombre de Hiroshima se extendía por la Plaza.
La fiesta borraba las fronteras y los chilenos de Intillimani, que hoy mismo actuarán en uno de los últimos actos de la presidenta Michel Bachelet, traían su música local.Desde la lejanía de una de las tribunas, una mujer bailaba al ritmo de la sacha al igual que muchos de los presentes.
Jorge Fandermole, otro gran juglar, acunó a los presentes con su “Oración del remanso” y otras canciones. Ovacionado por el público que gritaba “Una más, una más” el fundador de la trova rosarina no pasó desapercibido.
Numerosos artistas dejaron sus huellas y melodías sobre el escenario “Atahualpa Yupanqui” cuando la música de aquellos que fusionan el rock con las raíces no se hizo esperar. Arbolito, que el año pasado obtuvo una mención especial de la comisión, hizo vibrar literalmente a la Plaza, que se pobló de banderas del grupo y de los pueblos originarios. Todos bailaban y Cosquín era una fiesta que no distinguía edades: adolescentes, adultos y ancianos aplaudían y bailaban al compás de la banda, globos de colores, como en racimos, aparecían subiendo y bajando por las primeras filas de la platea. “El que no grita Arbolito para qué… vino” declamaban los danzantes fanáticos y el grupo, con Verónica Condomí como invitada, regaló lo mejor de su música entre rumores de una posible consagración.
La segunda luna llegaba a su fin con el último gran juglar de la jornada: el cubano Pablo Milanés ofreció lo mejor de su repertorio. Mientras todos coreaban las estrofas de “Yolanda” un matrimonio de personas mayores se abrazaba con el amor que cimentan los años. Treinta minutos de trova no fueron suficientes y todos coreaban con insistencia por el regreso de cantautor. Pero eso no sucedió. Miguel Ángel Gutiérrez con un nudo en la garganta dijo “Ustedes se merecen esta aclaración. Pablo está muy enfermo, con fiebre alta y lamenta en verdad no poder salir, pero son cosas que escapan a los artistas” Entonces, entre la compresión y la desilusión, todos salían lentamente del predio. Una mujer que hablaba sola en voz alta exclamó “Y bueno, igual fue un placer”, mientras, una sonrisa se dibujaba en su rostro.